Crónica clausura Bellezas Habitables en Pamplona

Por el Enero 30, 2017 en Actualidad Bellezas Habitables, BLOG
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Pueden considerarse los pasados días 16, 17 y 18 de enero el triduo polar en Pamplona. El termómetro se precipitó hasta los siete y ocho grados bajo cero y la ciudad crujió de frio. Sin embargo la planta segunda del Condestable donde estaba instalada la muestra Bellezas Habitables de los dominicos Iturgaiz e Iribertegui era una calurosa acogida de cientos de visitantes  que no se resignaban a perder esta exposición a la que solo le quedaban tres días de calendario.

El 18 de enero de 2017, efectivamente, le llegó el turno de clausura y el apagón de luces en la hora convencional de las nueve de la noche, cerraba un memorable capítulo muy cruzado todo él de eventos, anécdotas, personalidades y significados sociales.

Eran navarros y triunfaron sin paliativos en su patria. Los mosaicos y vitrales de Domingo Iturgaiz, así como el alijo de esculturas de Miguel Iribertegui estallaron por así decir en el Condestable y se abrieron sin rubor a la curiosidad, incluso a la sed de un copioso y variado colectivo de visitantes que se hicieron promiscuos con el conjunto de obras artísticas de que constaba la exposición, y disfrutaron intensamente de su peculiar estética. Alabaron el conjunto, se estremecieron con las individualidades (crismones, naturalezas muertas, rostros, paisajes urbanos, marinas, últimas cenas….de Iturgáiz, o bien: pastores dulces, magos de talla humana, ángeles disponibles, misterios navideños de corte entrañable, grupos de monjes, de cantores, de sokatira, salidos de las manos de Iribertegui)

Miraban detenidamente, rodeaban el espacio, volvían a las piezas que más habían llamado la atención, palpaban, comprobaban volúmenes, se detenían en cromatismos y texturas de vestidos. Salían con la intención de volver otro día y sobre todo con el compromiso de avisar a gente, de advertirles que algo raro estaba pasando en Bellezas Habitables, que no se lo perdieran y la gente, también ayudada por los medios que a partir de un momento se hicieron elocuentes con tanto fulgor, fueron casi en tromba a contemplar la muestra. Alrededor de tres mil visitantes que se llevaron en su cabeza pero también en sus cámaras de video y fotografía el patrimonio real de lo que allí se había instalado.

El aire lento de cada día de exposición era interrumpido con frecuencia por grupos que compartían la visita de modo comunitario. Algunos vinculados a instituciones beneméritas –Anfas, Museo de Navarra, Gárdena, academias amateurs de pintores, Arciprestazgo de San Saturnino, familias con apellidos de solera en Navarra, en fin, familias y parientes próximos de los propios artistas Miguel y domingo que habían prestado obra y que colaboraron a la custodia general de la exposición como si fuera algo suyo. Y lo era en realidad. Gracias a todos.

 

Además del espacio de la muestra propiamente dicho, se crearon otras geografías al lado, otros campos de belleza con otros códigos a partir de lo que representaban cultural y estéticamente la obra de estos artistas. Así se celebró una mesa redonda cavilando en torno a si la estética, o determinadas estéticas, al menos, pueden ser fuerzas de cambio social y se entregaron a ello catedráticos de los ámbitos universitarios de la ciudad. También se dio pábulo a un concierto de música gregoriana, celebrando en él una eucaristía, en el templo de Gorráiz cuyo director de proyecto, Joaquín Arellano, era uno de los comisarios de la exposición

En vísperas de la clausura tuvo lugar también un recital poético, con presencia de tres vates de renombre- dos dominicos Praena y Emilio Rodríguez-y un navarro: Mauleón Recitaron versos de propia cosecha y de Miguel Iribertegui del libro recién publicado “La tarde esa lenta embestida”. En el transcurso del acto el terceto de cuerda Ekkon Ensamble iba incrustando entre los versos, con destreza de joyeros algunas de estas obras: lascia chio pianga, el oboe de abril, aria de la suite de Bach, Canon de Pachelbel.

Dos penúltimos guiños: al principio y al final de la exposición se llevaron a a cabo dos talleres pedagógicos sobre vitralismo, dirigidos por el maestro Joaquín Gilcon asistencia copiosa de colegiales. La exposición estuvo enriquecida desde el principio con la obra inédita hasta ese momento de poesía de Miguel Iribertegui: La tarde esa lenta embestida” que ha jugado un papel de herencia, de fetiche, de memoria lírica que mucha gente ha llevado a su biblioteca más cordial.

 

Mesa redonda Bellezas Habitables

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