El Arziprestazgo de San Saturnino: Peregrinación a Bellezas habitables

Por el Enero 12, 2017 en Actualidad Bellezas Habitables, BLOG
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a1Hablamos del 29 de diciembre que se había desplegado sobre la plaza del Condestable con la galanura festiva de las jornadas que preceden al evento fin de año. Era, por así decir, el paso del ecuador de la Navidad 16-17, y la gente aún electrizada por deseos de bien y amor castigaba con gestos y dichos piadosos a los semejantes con que se topaba por la calle cruda.. Como un grupo más de estos empujados por la inercia de infantil ebriedad de lo navideño, una decena de hombres provectos desfiló a lo largo del mostrador del bar”siete del siete”, y se instaló en el ángulo final del espacio. Maduros, de porte comedido, con aire de intelectuales y con cicatrices visibles de sabiduría, incluso de fe, en sus rostros, vieron cómo brotaban del mármol limpio del mostrador una docena de copas, como champiñones de cristal, con una gama de colores que iban del tanino morado, pasando por el rosa casi incorpóreo y terminaba en el delgadísimo oro  líquido hecho con uvas blancas. Tintos, rosados, verdejos. Eran cálices mínimos y laicos para una eucaristía secular, una comunión estética, una liturgia espiritual y a la vez mundana. Regresaban de una ofrenda a las bellezas habitables en el altar pagano del Palacio del Condestable. Eran miembros, a su vez, de una de las instituciones sacras más vip de Pamplona: el arciprestazgo (álguien del grupo habló de un censo cortante:90 curas, 35 congregaciones, 60.000habintes) en torno a la monumental iglesia de San Saturnino y otros templos de no menor fuste en los alrededores. Eran estos caballeros: Silverio Hualde, Pedro Jurío, José Mría Aicua, Antonio Muerza, Jesús Salcedo,Julián Ayesa,César Magaña,José Antonio Goñi .

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En la exposición ofició de preste-guía en esta liturgia grupal el arquitecto Joaquín Arellano y ejercieron de acólitos los otros dos comisarios(con perdón) de la muestra: Jesús Galeano y Gonzalo Blanco.

Fue un desfile atento, disciplinado y con gestos de devoción. El farallón de deslumbrante de mosaicos sacros y seculares de Domingo Iturgaiz a lo largo del mural de la Sala fue nombrado y explicado por Arellano con precisión, con minucia y sus palabras aportaban un plus de luz, una intensificación del mensaje ya de por sí maravilloso antes de explicarse: La Trinidad , los rostros de los padres del artista, los bodegones insólitos de piedras apiladas como obleas para perfilar los contenidos, los crismones sutuosos. los tonos, los trazos de pincel pétreo, las provocaciones con códigos estéticos actuales, la cena, las vidrieras reproducidas, en grandes láminas, en fin el kiosko giratorio con imágenes de vitrales de templos repartidos por el mundo.

 

El paso por el recogido “parque de bronce” poblado de figuras de MIguel Iribertegui, fue nombrado y explicitado por Gonzalo y Jesús. Tampoco en esta exploración entrañable es posible la frialdad, la asepsia, porque son figuras que en su pequeñez, disponen de una elocuencia que golpea los sentimientos: rostros, manos, posturas, miradas en una sin fin de ángeles, pastores, grupos musicales, socatira, folk, monjes en capítulo, ovejas mansas, plegadas para dar calor a sus pastores, en fin un universo….

 

a3Dos dominicos, dos navarros, dos sacerdotes como ellos, compañeros, al fin y al cabo, que nos han precedido en el viaje a la tierra llamada Parusía y que han montado temporalmente su tienda en Pamplona y ha corrido el asombro de boca en boca y han llenado cada día la sala del segunda planta del Palacio Condestable.

 

El grupo se convirtió desde esa hora en pregoneros de esta exposición y desde sus respectivos púlpitos han ido empujando, como los pastores dulces y tenaces de Iribertegui, a sus fieles hacia la vecina muestra “Bellezas habitables”. Gracias.

 

 

 

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